Instituto Venezolano de Logoterapia

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Formación e Investigación

miércoles, 23 de abril de 2014

Nadie le teme a la muerte.


           Si hiciéramos una encuesta con la pregunta ¿qué es lo que más teme? seguramente el “ranking” de temores lo encabezaría el miedo a la muerte, ya sea en su manifestación directa o indirecta enmascarada (como telón de fondo) en otros miedos como a lo desconocido, a la decadencia, el cambio, a la vejez, al accidente, a la enfermedad, etc.
            Jiddu Krishnamurti formula y se formula una pregunta que resulta capital para guiar a la comprensión que, en realidad, no es la muerte a lo que tememos. Ese interrogante es: “¿Tenemos miedo de un hecho o de una idea acerca del hecho? ¿Tenemos miedo del hecho de la muerte o de la idea de la muerte?”.  El mismo  Krishnamurti responde: “ El hecho es una cosa y la idea es otra. ¿Tengo miedo de la palabra “muerte” o del hecho en sí? Como tengo miedo del vocablo, de la idea, nunca encaro, nunca comprendo el hecho, no estoy jamás en relación directa con el hecho. Es tan sólo cuando estoy en completa comunión con el hecho que el miedo no existe. Más si no estoy en comunión con los hechos, entonces tengo miedo; y no hay comunión alguna con el hecho mientras yo tenga una idea, una opinión acerca del hecho. Si estoy cara a cara con el hecho, nada hay que comprender al respecto: el hecho está ahí y puedo habérmelas con él. Más si me da miedo la palabra, tengo que entenderla, penetrar todo el proceso de lo que implica la palabra, el término”.
            El hoy es aquel mañana tan temido del pasado. Con alegría, por darse cuenta, un hombre me dijo: “Me pasé la mayor parte de mi vida preocupándome por cosas que nunca sucedieron”. Cuando uno enfrenta los hechos tal cual son, los descubre y está en comunión con ellos, el temor se disipa y los prejuicios se diluyen.
            Vivir aterrados porque nos vamos a morir es una forma de “no vivir” por temor a no seguir viviendo. O con otras palabras es una manera de estar muertos en vida por temor a morirnos.
            Fénelon reflexionaba: “Si la muerte está el que no está soy yo. Si el que está soy yo, la que no está es la muerte. Así porque temerle”.  
En el exigente y, al mismo tiempo, fascinante oficio de vivir, la muerte constituye su corolario y consecuencia. El modo de morir guarda fidelidad con el modo en que transitó la existencia.
            Cuando tenía 85 años- 2 años antes de fallecer- mi abuelo paterno hizo un infarto de miocardio con el que estuvo al borde de la muerte. En forma intuitiva mi abuela le efectuó un masaje cardíaco que ayudó a reanimarlo. Cuando volvió en sí exclamó: “Yo no sé si lo que viví fue la muerte pero si es así ¡ qué hermosa es!”.
            Este abuelo fue una bellísima persona que supo irradiar e nosotros alegría de vivir, con al simplicidad y rusticidad propia del hombre de campo.
“Un día bien vivido determina un gozoso dormir. Una vida bien vivida determina un gozoso morir”. Leonardo Da Vinci.  

La reflexión de hoy fue tomada del libro:
Paradojas Existenciales: verdades que parecen mentiras.

Autor: Gabriel Jorge Castellá

lunes, 7 de abril de 2014

La educación en nuestra época.


Vivimos en una época caracterizada por un sentimiento de falta de sentido. En esta nuestra época la educación ha de poner el máximo empeño no sólo en proporcionar ciencia, sino también en afinar la conciencia, de modo que el hombre sea lo bastante perspicaz para interpretar la exigencia inherente a cada una de sus situaciones particulares. En una era en que los diez mandamientos parecen estar perdiendo su validez para muchos, debe el hombre ponerse en condiciones de percibir los 10.000 mandamientos que se desprenden de las 10.000 situaciones con las que se ve confrontado en su vida. No solamente le parecerá así que su vida vuelve a tener sentido, sino que él mismo estará inmunizado contra todo conformismo y totalitarismo; porque sólo una conciencia despierta y vigilante puede hacerle resistente, de tal modo que ni se abandone al conformismo ni se doblegue al totalitarismo.

Así pues, hoy más que nunca la educación es educación a la responsabilidad. Vivimos en una sociedad de abundancia, pero esta abundancia no lo es sólo de bienes materiales, es también una abundancia de información, una explosión informativa. Cada vez más se amontonan más libros y revistas sobre nuestras mesas de trabajo. Nos acosan estímulos e incentivos de todas clases, y no sólo sexuales. Si el hombre en medio de todo este torbellino de estímulos quiere sobrevivir y resistir a los medios de comunicación de masas, debe saber qué es o no lo importante, qué es o no lo fundamental; en una palabra, que es lo que tiene sentido y qué es lo que no lo tiene.

Texto tomado del libro: "La presencia ignorada de Dios". Autor: Viktor Frankl 

domingo, 30 de marzo de 2014

Silencio como alimento de vida


UN CUENTO PARA INICIAR
“Había una vez un hombre a quien ver su propia sombra lo contrariaba tanto que era tan infeliz con sus propios pasos que decidió dejarlos atrás. Se dijo a sí mismo: simplemente me alejo de ellos. De tal modo se levantó y se fue. Pero cada vez que apoyaba un pie y daba un paso, su sombra fácilmente lo seguía. Entonces se dijo: “Debo caminar más rápido”. Caminó entonces más y más rápido, caminó hasta caer muerto. Si simplemente hubiera caminado hacia la sombra de un árbol, él se habría deshecho de su sombra. Pero no se le ocurrió”
NUESTROS TIEMPOS
Esta es la situación de mucha gente de nuestros tiempos. Estos tiempos no son ni mejores ni peores. Son sólo tiempos diferentes. Nuestros tiempos tienen muchos aspectos buenos: la sensibilidad hacia los derechos humanos, el emerger de la mujer como sujeto de la historia; el sentido de solidaridad internacional; la búsqueda del bienestar y de la dignidad humana, el paso del régimen la razón a la preocupación por los procesos afectivos. En el plano religioso, se despierta una profunda sensibilidad por lo trascendente y lo simbólico…
Sin embargo, nuestros tiempos albergan también rasgos problemáticos. Parafraseando a José Ortega y Gasset, podemos decir que “lo único que sabemos es que no sabemos que es lo que está pasando. Sólo sabemos que hay crisis”. Una de las características de esta crisis es el reduccionismo antropológico en el que la persona humana viene vista y tratada como un conjunto de necesidades primarias y fisiológicas que representan un intercambio entre el sujeto y su ambiente (comida, casa, ropa, respiración, bebida, sueño…) No hay duda que estas necesidades son indispensables para la supervivencia...
Pero, el hombre de nuestros tiempos debe aceptar que, a parte sus necesidades primarias, tiene también otros tipos de necesidades, las psicológicas, sociales, existenciales y espirituales. De entre ellas, hoy quiero citar una, la necesidad que tenemos todos, de silencio, descanso, encuentro consigo mismo, necesidad que satisfacer a través del silencio y de la contemplación.
EL CAMINO HACIA LA EXTERIORIZACIÓN
La persona humana inicia su vida con nueve meses de silencio completo en el seno de su madre. Y la termina con una eternidad de silencio en el seno de la madre tierra, de la naturaleza (en el seno de la madre Dios, para los creyentes) Este silencio no es un tiempo de inactividad. En este momento el infante no usa sus sentidos, pero está en relación profunda con todo lo que lo circunda. Es allí que se prepara para enfrentar los más de cien años que le tocan vivir.
Cuando el hombre se despertó a la existencia estaba, a la vez, totalmente presente a sí mismo y al mundo. Tenía una conciencia directa de sí mismo. Su presencia en el mundo era silenciosa. Poco a poco el mundo exterior, inmediatamente fue imponiéndose a su conciencia. Se hizo así cada vez más distraído, ausente de sí y del mundo real. Al ir llenándose de cosas, fue perdiendo conciencia de su propia intimidad y profundidad. Se inició así el proceso de “desinteriorización-exteriorización”, desde el primitivo y profundo núcleo silencioso
Esta ida hacia fuera se caracteriza por:
- un camino de desposesión interior y de cosificación (alineación donde la persona vive fuera de sí).
- una reconstrucción propia desde a fuera, creando así un hombre exteriorizado y ruidoso. Al respecto, decía Pablo VI: “nosotros, hombres modernos, estamos demasiado extrovertidos, vivimos fuera de nuestra casa, e incluso hemos perdido la llave para volver a entrar en ella” .
Con ello, el hombre se va proyectando hacia el exterior, saliendo y alejándose de su centro. Así cada vez, sabe menos quien es y qué son las cosas que lo rodean. Va ignorando su identidad, su riqueza interior, su profundidad, su naturaleza humana-divina, su misterio… El silencio sirve, entonces, para recobrar la identidad perdida.
MIEDO AL SILENCIO
El hombre de hoy elude el silencio, porque tiene miedo de su sombra y de la propia profundidad. Cada vez que intenta aventurarse en el mundo del silencio, surgen semillas del pasado, fantasías, temores, ansiedades. Los asuntos pendientes de su vida llaman a la puerta de su alcoba más íntima. En el silencio se hace presente el pasado, con situaciones, relaciones, personas, objetivos… no vividos ni asumidos, que piden de ser identificados y afrontados. El hombre tiene miedo de encontrarse consigo mismo, en un contacto directo con su profunda y verdadera situación.
Atemorizado por el estar consigo mismo, prefiere llenarse de demasiadas actividades (lectura, estudio, trabajo…) que lo distorsionan hasta romperlo. Se cansa tanto que se dispersa, se aleja de sí mismo, se separa de su corazón, y se hace extraño a sí mismo. Prefiere ahogar su mundo interior, evadir y tapar su dolorosa realidad con la ilusión de que ya no existe. Así, transcurre toda su vida: corre, corre y corre, hasta explotar.
El precio por todo esto es muy alto:
- Aparecen cada día enfermedades nuevas y extrañas, que atañen al corazón humano.
- En muchos casos, el hombre y el mundo de hoy se encuentran más deshumanizados.
- En las relaciones interpersonales hay más pobrezas y violencias
- En las casas, metro, autobuses, oficinas, escuelas… se nota siempre poca alegría, poca paz interior, poca Vida Plena …
EL RUIDO
Hoy en día, hay mucho ruido. Todos participamos de este ruido que es expresión del llamado “progreso”. Un ruido que desequilibra tanto que crea en las personas “una insuficiencia vital” que se puede traducir en preocupaciones, desequilibrios emotivos… Este ruido exterior es la proyección de nuestro mundo interior. “Los problemas externos que atormentan al hombre son, en realidad, proyecciones de los problemas internos que no fue capaz de resolver en su corazón y en su mente” . Así que el ruido interior invade el espacio exterior. Podemos afirmar así con Nicolás Caballero que “el ruido, el caos, no es la causa, ni siquiera el efecto, de la enfermedad del hombre de hoy; es la misma enfermedad” .
Hoy el hombre vive inquieto y agitado, perdiendo a sí mismo. Lo que lo lleva a la búsqueda de distracciones siempre más fuertes, para ahogar el sentido de inutilidad y de vacío existencial que lo asaltan: columnas de carros en las autopistas, discotecas super-llenas, gente en las calles para matar el tiempo… El hombre ruidoso crea distancia, consigo mismo; con el mundo de las personas; con el mundo de las cosas; con Dios.
Según un articulo publicado por John Leicester, en el diario “clarín” de Buenos Aires, Argentina, del Jueves 5 de febrero de 2004, Europa sale a combatir el ruido en las grandes ciudades, el 75% de los europeos vive sometido a niveles de ruido – de los automóviles, aviones y trenes – superiores a los aceptables que contaminan verdaderamente las ciudades y enferman a sus habitantes.
Se trata de una verdadera campaña para reducir el ruido. Y la industrialización y el transporte moderno han agravado el problema del ruido. El 75 % de la población europea, más de 376 millones de habitantes, vive en áreas urbanas, donde el nivel de ruido es el máximo.
Un 40% de los habitantes de la UE (150 millones de personas) están expuestos a un nivel de ruido por el tránsito motorizado superior a los 55 decibeles. Y un 30% es víctima de un nivel de ruido nocturno que le dificulta el sueño. Según la organización de salud de las Naciones Unidas, una prolongada exposición al ruido crónico contribuye a la hipertensión y a los males cardíacos, y puede afectar la salud mental.
UNA PREGUNTA
Frente a todo este ruido, nos preguntamos con el profesor Eugenio Fizzotti, uno de los mejores discípulos y estudiosos de Víktor Frankl: ¿qué quiere el hombre de hoy, que en el fondo es el hombre de siempre?
Nos parece que el hombre de hoy deberá iniciar por preocuparse, y esto es responsabilidad de todos, por construir un mundo que sea humano, y donde tienen todavía sentido el amor, y no solo a los demás. Ni la ciencia, con sus grandes pasos, con sus descubrimientos sensacionales, y con la ilusión de una “supervida” futura, logra hacer del “desarrollo tecnológico” un espacio de Vida Plena. Nuestra convicción es que “…el silencio es el lugar de esta construcción de “un mundo humano, un mundo de amistad, de amor, y de Vida Plena”.
NUESTRO CONCEPTO DE LA PERSONA HUMANA
La persona humana es un ser abierto. No es ni el hombre-individuo del liberalismo, ni el hombre-masa del comunismo. Es el hombre-en-relación, con Dios, con el otro y consigo mismo. La persona se realiza, llega a su plena madurez, en cuanto se pone en relación con. Porque el hombre es constitucionalmente, “relación con”. “Sólo en la relación el hombre logra ser hombre”. Vivir es entrar y estar en relación con. Como bien lo afirma Pierre Vilain: “Lo humano surge únicamente de la relación con los demás” . Sin embargo, “no hay intimidad con los demás sin intimidad con uno mismo” .
EL TIEMPO “KRONOS” Y “KAIROS”
Para los griegos, el manejo del tiempo se dividía en dos, Kronos y Kairos.
Kronos es el tiempo que se mide con el reloj, y se anota en la agenda. Es el tiempo en cuanto cantidad. Kairos es el tiempo en cuanto calidad, momento de celebración, de descanso creativo. Es el tiempo sin medida, que sirve para satisfacer y darle sentido al Kronos. Ese tiempo es menos productivo, pero muy creativo. Es el tiempo no programado, imprevisto, del día libre, de vacaciones, y de silencio. Es un espacio divino en la cotidianidad.
Mientras el Kronos dispersa, es un desgaste de energía de vida, el corazón humano necesita el tiempo Kairos para recuperarse, reunirse y rehacerse. El Kairos nos invita salir de nosotros mismos y nos da salud. Mientras más Kairos haya, menos enfermedades habrá. El Kairos nace del corazón y conduce al corazón. Nos lleva del mundo pequeño del hombre hacia el Universo. Toda la vida es una tensión entre Kronos y Kairos, una tensión que le da sentido y calidad.
ÁFRICA Y EL SILENCIO
La experiencia de la iniciación africana, en la que un niño pasa a ser adulto en el corazón del bosque, es una experiencia de separación y de muerte, muerte a la infancia para nacer a la vida adulta. El inicio de esta experiencia está marcado por el dramático momento de desgarramiento solemne. Se trata de la ruptura de los jóvenes para con su pueblo, sus familias, y sobre todo, para con sus respectivas madres, para ser llevado al silencio de la selva, donde se aprenderá a escuchar la voz de los ríos, de las hojas, de las fieras, y sobre todo las voces de su interior y de su corazón, la voz de los antepasados.
El niño será separado de su madre como fue separado de su seno al nacimiento, con el corte del cordón umbilical. Va a pasar a otro estado fetal, en el seno natural del bosque, ruptura vivida como muerte simbólica. En varias tribus, la experiencia se termina pasando un buen tiempo en el seno de una tumba, en el silencio de la tumba. Si la tumba simboliza la muerte, pasar un buen rato en una tumba habla del silencio como un momento de muerte para vivir una vida nueva.
LA LOGOTERAPIA DE VIKTOR FRANKL Y EL SILENCIO
Víctor Frankl, el psicólogo que pasó 3 años en los campos de concentración, nos dice que “el hombre de hoy necesita inventar nuevos tipos de actividades”. Para poder re-encontrar el significado de su propia vida, cada humano debe tener sus momentos diarios de “desierto”. Necesita de un pedazo de desierto en cuál refugiarse para encontrar a sí mismo. Necesita detenerse un poco para reflexionar sobre sí mismo.
De los valores que son vías al sentido a la vida, Frankl distingue tres.:
Los valores de la creación. Es la capacidad de trabajar y de producir. Consisten en lo que el hombre da al mundo, ejerciendo su capacidad creativa. Quien, con su trabajo no da nada al mundo y no expresa su singularidad y su irrepetibilidad se manifestará siempre insatisfecho y puede perder el sentido de la vida y caer en el vacío existencial.
Los valores de la experiencia. Es la capacidad de saborear. Consisten en lo que la persona recibe del mundo, de fuera de sí, en término de experiencias de encuentros con la naturaleza (contemplación, arte, cultura…) o con otras personas (amor) Esto implica la educación al silencio, a la soledad, y a la capacidad de establecer relaciones claras consigo mismo.
Los valores de actitud. Cuando la realización de los valores de la creación o de la vivencia es imposible por situaciones de la vida – un destino ineludible e inevitable, experiencias trágicas -, se puede dar siempre un sentido a la vida, asumiendo una actitud frente a esa situación. No le toca a la situación, sino al hombre dar un sentido a cada experiencia. La vida nos propone siempre una última oportunidad El hombre debe saber asumir una actitud justa frente al dolor ineludible.
Me parece que los dos últimos tipos de valores de la logoterapia aluden al silencio como espacio de experiencia y de actitud.
EL SILENCIO COMO INTIMIDAD CON UNO MISMO Y COMO CURACIÓN
El silencio está al centro de la vida humana. Es una realidad muy humana y bienhechora. Es “un clima para reconstruir lo interior y lo exterior” . Es un regreso a nosotros mismos. Sólo en el silencio, la persona se halla, se encuentra, y se revela a sí misma. El silencio ayuda a que el hombre se recobre a sí mismo, y a que no se enajene. Representa así, una ventaja sobre la deshumanización en la que habitualmente se encuentra el hombre de nuestra sociedad.
El silencio es también como un nacimiento, porque en él, algo se gesta y se madura. Cuando una situación dolorosa nos visita en el silencio es buena señal. Es señal de nuestra apertura y de nuestra disponibilidad para recibirla, y es importante que cuando venga nos encuentre en casa. Sólo así podremos ir al encuentro profundo con nosotros mismos y con el otro, en el amor. De esta manera, durante las horas de silencio eliminamos las toxinas que intoxican nuestra vida y recuperamos la salud.
Lo contrario del silencio es la evasión. Quien no puede tener silencio se ha jubilado como persona y comienza automáticamente a ser una cosa. Por tanto, “el silencio es imprescindible si la persona quiere crecer y si quiere ahondar en su relación con todo” . Y es que “el silencio nos permite tener acceso a la fuente de todo lo humano; el silencio construye la persona, abriéndole el camino hacia ella misma” . En consecuencia, el silencio favorece también la creatividad, porque nace de un progresivo encuentro de uno consigo mismo.
TIPOS DE SILENCIO
Existen varios tipos de silencio:
1. Silencio Ambiental: Si el ambiente es todo lo que nos rodea (cosas, objetos, personas, estímulos sensoriales: ruidos, voces, olores…) y la atmósfera (ambiente de paz, confuso, agitado…), en el primer silencio se trata de dominar el ambiente, retirarse de él, para facilitar el fortalecimiento interior. A este nivel, el silencio se confunde con la soledad y el aislamiento.
En la tradición cristiana, el silencio ambiental se llama “retiro”, en su sentido de un “alejarse”, “tomar distancia de la cotidianidad”, “hacer un alto en la vida”, “emprender una introspección que nos coloca frente a nuestro Yo, “un descanso”, “un fomento de la espiritualidad”. El retiro es una necesidad-obligación, para mejor vida. Se llama también “ejercicios”, en su sentido de “dedicación”, “esfuerzo”, “tarea – lucha”, para mantenerse bien, sano, en buena condición. Es un tipo de gimnasio del alma, para desarrollar los músculos espirituales. Es el remedio contra la anorexia espiritual que es la “falta de apetito que lleva a enflacar tanto hasta morir”.
En el lenguaje bíblico, se llama “desierto”, un lugar de la confrontación y de lucha, donde el hombre encuentra a su Dios, como el río encuentra a su manantial, para que le diga su nombre verdadero, su misión en la existencia. El desierto es una ubicación necesaria para emprender la peregrinación hacia la Felicidad – Libertad – Tierra Prometida.
Sin embargo, siendo importante, la soledad es ambigua. Puede ser a la vez, para evadir o para buscar la comunicación. Lo que ayuda a deshacer esta ambigüedad es la asunción de los otros silencios.
2. Silencio Corporal. Se trata de la relajación muscular y del aquietamiento del sistema nervioso. El segundo silencio se produce en los nervios y en los músculos que son el componente principal de nuestro cuerpo. Es importante en la salud y en el progreso espiritual. La respiración y la relajación son las puestas de la vida interior. La relajación, prolongación y profundización de la desconexión del ambiente, es importante para el recogimiento y para el despertar.
3. Silencio Afectivo. Es la pacificación progresiva de la persona, la liberación de la ansiedad, el sentimiento de plenitud y bienestar interior, y de profunda armonía interior. El silencio afectivo es la paz, armonía, pacificación, serenidad, integración, orden interior, equilibrio, curación… Ellos no son ausencia de la afectividad, son la afectividad cuando se ha silenciado. “Es aquella paz que no se entiende”.
4. Silencio Mental es:
- El arte de cultivar el pensamiento positivo, destruyendo el negativo. Dice Swami Sivananda: “la cara es el espejo del alma. Cada pensamiento produce una señal profunda en la cara. Un pensamiento divino la ilumina, un pensamiento malo la oscurece” . Los pensamientos negativos (de ansiedad, miedo…) envenenan la vida, envenenando su fuente, la mente; son fuerzas espantosas que destruyen las energías vitales en su misma raíz. Pero, los pensamientos positivos (alegría, gozo, contento, optimismo, valor, sonrisa…) aumentan inmediatamente la capacidad de multiplicar indefinidamente los poderes de la mente. El cuerpo está sano si la mente está sana. El pensamiento es creativo. El positivo crea, construye el mundo. El negativo destruye y tiene capacidad autodestructiva. El pensamiento es un boomerang: un pensamiento negativo es maldito. Daña al que lo ha enviado. Daña después a la persona a la que se dirige. Finalmente daña a la humanidad entera. Si quieres mejorarte, cultiva pensamientos puros, divinos. Por medio de pensamientos positivos de paz, amor, y bondad, puedes vencer todos los obstáculos: el miedo, el odio y la maldad.
- El observar sin pensar, observando como un espectador silencioso cuanto va ocurriendo a fuera y dentro de uno. Se trata de ser perceptivo, sin juzgar ni comprometerse.
CONCLUSIÓN
El corazón conoce lo que la lengua nunca podrá proferir, y lo que los oídos jamás podrán escuchar (Gibran) Hoy en día, se pretende acabar con el silencio, hacerlo desaparecer. Al hombre le da miedo el silencio, le provoca escalofríos, pues lo obliga a dar cuenta de sí mismo. Y eso lo inquieta. Sin embargo, lejos de ser un enemigo, el silencio debe ser acogido como el mejor aliado del hombre hoy. El silencio nunca es una actitud egoísta; el verdadero es presencia, no ausencia; fuente de energía e irradiación no ensimismamiento; despliegue no repliegue. En efecto, para derramarse, es indispensable primero llenarse. El silencio no es una amenaza, sino un excelente lugar de encuentro y conexión con lo más profundo de nuestro ser. Sólo así, podremos ir al encuentro con el otro, amándolo con un corazón indiviso, no disperso.
Por Kitimbwa Lukangakye
Originario de la República Democrática del Congo, es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica “Teresianum”, y en Ciencias de la Educación por la Universidad Pontificia Salesiana, ambas en Roma. Especialista en Logoterapia y Análisis Existencial ; y cuenta con una Maestría en Psicoterapia y Espiritualidad.
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sábado, 29 de marzo de 2014

Un hombre llamado Viktor Frankl


Un hombre llamado Viktor Frankl

                Viktor Frankl nació en Viena en una familia de origen judío. 1905 -1997 .Estudió medicina en la Universidad de Viena y se especializó en neurología y psiquiatría. Desde 1933 hasta 1937 trabajó en el Hospital General de Viena. De 1937 a 1940 practicó la psiquiatría de forma privada. En diciembre de 1941 contrajo matrimonio con TillyGrosser. En otoño de 1942, junto a su esposa y a sus padres, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt.
                En 1944 fue trasladado a Auschwitz y posteriormente a otros 2 campos de concentración dependientes del de Dachau. Fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración.
                Tras su liberación, regresó a Viena. En 1945 escribió su famoso libro “El hombre en busca de sentido”, donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra. Dirigió la policlínica neurológica de Viena hasta 1971. En 1949 recibió el doctorado en Filosofía. En 1955 fue nombrado profesor de la Universidad de Viena. A partir de 1961, Frankl mantuvo cinco puestos como profesor en los Estados Unidos en la Universidad de Harvard y de Stanford, así como en otras como la de Dallas, Pittsburg y San Diego. Ganó el premio OskarPfister de la Sociedad Americana de Psiquiatría, así como otras distinciones de diferentes países europeos. Frankl enseñó en la Universidad de Viena hasta los 85 años de edad de forma regular y fue siempre un gran escalador de montañas. Anteriormente, a los 67 años, había conseguido la licencia de piloto de aviación.
                Publicó más de 30 libros, traducidos a numerosos idiomas, impartió cursos y conferencias por todo el mundo, y recibió 29 doctorados Honoris Causa por distintas universidades. Falleció el 2 de septiembre de 1997, en Viena.
“El hombre en busca de sentido”
                En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre debe encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual. Esta reflexión le sirvió de base para el desarrollo de la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, después del Psicoanálisis de Freud y de la Psicología individual de Adler. En esta obra el Dr. Explica la experiencia que lo llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero durante mucho tiempo en los campos de concentración, el mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Esta experiencia tan profunda sentida en él mismo y a través sus compañeros, en situaciones tan extremas en donde, habiendo perdido a sus padres, hermanos, esposa, luego de todo el horror que vivió y vió vivir a otros,¿ cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla? No es un relato más de los horrores de los campos de concentración si no que es un ensayo profundo en donde él analiza las reacciones psicológicas ante experiencias tan extremas para encontrar las verdaderas motivaciones que tienen las personas para vivir sus vidas y a través de ello llega a la conclusión de que sin importar las circunstancias siempre vale la pena vivir y para ello es necesario que cada uno le encuentre un sentido a su vida. En este breve segmento autobiográfico, uno aprende lo que un ser humano hace cuando se da cuenta de que no tiene nada que perder excepto “su ridícula vida desnuda”. Analiza las mezclas de emociones y apatía frente a los hechos extremos, incluyendo los breves momentos de alivio sentidos, pero no son estos los que ayudan a la voluntad de vivir sino que por el contrario puede incluso reforzar lo insensato de su sufrimiento.
                Es en este punto en donde encontramos el tema central del existencialismo: Vivir es sufrir, sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Citando a Nietzsche. “Quien tiene un porque para vivir, encontrará casi siempre el como”.
                 De otro lado, cuando uno siente que todo te ha sido arrancado de cuajo, lo único que le queda es la última de las libertades humanas que es la libertad para elegir. Elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias. Algunos, al elegir ser “dignos de sus sufrimientos” fueron capaces de elevarse por encima de su aparente destino. Tejer esas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme, coherente, significativa y responsable es el objeto con que se encuentra la logoterapia, que es la versión original del moderno análisis existencial.
                A diferencia de otros existencialistas Frankl no es pesimista ni antirreligioso, por el contrario, para ser un autor que enfrenta de lleno a la omnipresencia del sufrimiento y a las fuerzas del mal, adopta un punto de vista sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades y descubrir la verdad.

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”. Viktor Frankl